miércoles, 22 de abril de 2015

Cada vez más docentes usan micrófonos para dar clase.
Para Cintia Bravo, el aparato fue una verdadera solución. “Creo que fui una de las primeras porque me lo traje de afuera. Me parece muy práctico porque no levantás la voz, simplemente subís el volumen del equipo y los mismos alumnos prestan más atención”, contó esta maestra, que lo emplea desde hace cuatro años junto a una botellita de agua para hidratarse.
Un obstáculo que ella le encuentra al dispositivo es el costo inicial y su mantenimiento. “Necesitás cambiarle las pilas constantemente porque si no empieza a fallar. Se puede optar por pilas recargables pero son bastante caras”, manifestó.
Temiendo quedarse sin voz para poder cantar, la profesora de música Carina Pérez se compró el micrófono hace cuatro meses. “Sentía que era mucho esfuerzo hablar, me dolía terriblemente la garganta y estaba angustiaba porque amo dar clases y cantar. Tenía mucho miedo de terminar con problemas irreversibles de cuerdas vocales”, recordó.

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